Chachin

 
Me trajo años atrás el poder de la memoria, cuando dorado de siesta  la tarde se teñía, la viva imagen de aquel desdentado ser, vapuleado de alcohol , hirsuta la barba, bruno de piel, cristal de alma.
Perros, latas, cartones, botellas, inseparables, a la vez cruel compañía, ese que fue abandonado cuando la pendiente se hizo incómoda, por esos, esos que dijeron ser amigos para toda la vida, esos, esos que en la puerta del abismo con saña impávida lo empujaron para verlo rodar entre escombros.
Maloliente y desgarbado, sonrisa de cajón desvencijado, regalo para nosotros entre tanta plaza vacía, de valor engalanados acercábamos por vez primera al intocable, aquel que nuestros padres prohibieran con ahínco, aquel que dentro de sus harapos entre tapitas de colores y etiquetas de cigarrillos balbuceara un idioma por nosotros incomprendido pero lleno de amor.
Inocente ser, de sonrisa vacía con sonido a piano viejo, viajaba con la mirada al vernos  columpiarnos buscando el cielo con las manos, despegando los pies de la tierra buscando caminar en el aire sin tocar las nubes después del vertiginoso tobogán de madera, tal vez imaginando una infancia oculta ahogada de olvido y pena.
Una tarde, mágicamente, desapareció de la plaza para nunca más volver, buscamos debajo de cada árbol, entre los perros, los cartones y las latas, pasó el verano y el invierno fue mas cruel de lo normal, no hubo ceremonia, ni llantos, nadie hablo por él, nadie lo extrañó, 35 años después la memoria lo trae de nuevo, casi que me dan ganas de pasar por la vieja plaza a buscar su sonrisa desdentada, su abrigo impregnado de alcohol y pedirle alguna tapita de color para tener que patear camino de mi casa.
Que cosa extraña es esto de los recuerdos, tan profundamente escondidos, tan bellamente recuperados, son como esos tesoros en el fondo de algún barco hundido, esperando el momento oportuno, para que entre tanto manto de olvido volver a relucir como el oro.

En una canción

El sonido de mi triste bachata
Me estruje el corazón
Pensando en la sin razón
De perderte en la mañana

Necio fui y sin compasión
Fui truncando nuestras vidas
Hoy al ver tu partida
Escribo la letra de esta canción

Entre acordes de dolor
Las tensas cuerdas de mi guitarra
Hacen tajos en mi alma
Pidiendo a gritos tu perdón

Es tarde, la música a terminado
Cansado, abatido, extenuado
Dejo la guitarra a mi lado
Como dejando mi interior

Te vas, sin palabras, sin perdón
Como se va la mañana
Y en la húmeda ventana
Mi reflejo me mira con rencor.

Volver....

Quiero contarles que este año ha sido muy intenso para mi, vendimos una casa, nos metimos en la loca idea de construir y compramos un terreno, hemos vivido de prestado y acomodados como se podía, en este interin Claudia trataba de terminar la trayectoria docente y como si esto fuera poco y a título de oferta, este año preparamos la fiesta de 15 años de mi hija.
Hoy ya estamos en nuestra casa, la fiesta fue un sueño y la Clau termina hoy de rendir la última materia, asique puedo decir que estoy satisfecho con este año, por lo que costó, por lo que se vivió, por que nos mantuvimos juntos y en familia, por que simplemente debo dar gracias. 
El fotógrafo de la fiesta me dijo algo que me quedo grabado:
- Si logras quedarte con mucho cansancio, algunas deudas y un recuerdo para toda la vida, entonces habremos logrado lo que tanto deseas -
Por eso mis neuronas pidieron vacaciones y hago mea culpa por no avisar ni pasar por ninguno de los blogs amigos que me regalan las letras que tanto disfruto, pido disculpas y prometo volver, se que voy a volver.
Mis cariños para ustedes entrañables amigoscompañeros de lectura.

Dos hombres desesperados

 
Dos hombres desesperados.
Una habitación vacía.
Una mesa pequeña.
Dos sillas.
Una botella de vodka barato.

Dos hombres desesperados.
Dos destinos.
Un revolver.
Una bala.
Una mujer.

Dos hombres desesperados.
Dos miradas perdidas.
Una sola salida.
Una hora señalada.
Un momento esperado.

Dos hombres desesperados.
Un revolver.
Una bala.
Una mujer.
Un disparo.

Un cuerpo en el piso.
Una botella de vodka barato.
Una mujer.
Dos tragos apurados.
Dos hombres aliviados.

Una y otra vez

 
Veo tu contorno en la oscuridad de la noche
que cómplice y testigo me lleva a recorrerte,
palmas y dedos sienten la frescura de tus muslos,
la tersura de tus labios, la turgencia de tu geografía.
Mis labios arden abusando de tu frescura
hasta chocar contra el volcán que alberga tu simiente.
Me alzo de nuevo y furtivo, arrebato sueños en la ventana de tus ojos
para descansar suavemente entre tus labios
y beber el agua que derrama tu mirada.
Un ecuador de sentimientos divide la verdad de nuestros sueños
esos que alados y libres buscan el horizonte del nuca jamás
hundidos en un torrente de deseos, te veo de nuevo y vuelvo a empezar.